
MUNDO SUPERNO
La Mansión Volkov

Residencia del clan Volkov, perteneciente al vampiro Daniel Volkov, que hizo que esta residencia se trasladase de Rusia hasta Arkath cuando se enteró de su aparición y la atracción sobrenatural por parte de sus amigas del aquelarre, estas con ayuda de su magia la trasladaron por completo, sin dejar nada atrás. Rodeada de unos altos muros de piedra con simbologías que protegen todo el terreno de demonios y ángeles además de tener en toda la extensión que ocupa una protección que impide a cualquier ser entrar o salir a menos que el vampiro lo permita.
El muro termina en dos verjas, una trasera del tamaño de una persona y la delantera, un verja de gran tamaño en la que se puede leer encima la frase del clan “Vivimos en las sombras, somos la muerte” Desde la verja se puede apreciar una mansión de piedra color gris, rodeada de césped, con un camino que lleva desde la verja a la mansión, en la parte trasera se encuentran los jardines con un pequeño celador en el centro y una parte dedicada de manera de terraza, al descanso de los inquilinos y visitas, que da al interior de la mansión.
Entrando por la puerta principal entras al hall desde donde se pueden ver dos escaleras de mármol blanco a cada lado que suben a la primera planta de la mansión, bajo las escaleras se aprecian dos grandes puertas de hierro de un gran grosor que conducen a los calabozos y la otra a las mazmorras donde se encuentran las bestias sobrenaturales que los Volkov han ido recopilando.
A cada lado del hall, hay dos anchos y altos pasillos que conducen a la sala de entrenamiento, a la biblioteca donde se encuentran tanto libros muy antiguos como libros de brujería y grimorios, seguidamente se llega al despacho que da a la entrada del jardín. Al lado derecho, en el otro pasillo, se llega al gran comedor, la sala de bailes y fiestas, y tras estas dos se encuentra la cocina y el almacén, un pequeña habitación está destinada a los criados y mayordomo; y en la parte más grande, es donde se encuentran el lugar donde todo el ejercito del vampiro sin incluir a los guardias descansan, entrenan o comen, tras esta sala se encuentra la sala de guerra donde Daniel planea sus ataques o cualquier tema en la que intervengan sus vampiros.
Subiendo por las escaleras se llega a la habitaciones, estas contienen dentro cuarto de baño y vestidor para sus inquilinos, todas las habitaciones tienen los muebles de roble, y la decoración es con telas moradas y sinalefas en dorado. En esta planta se encuentran unas escaleras que dan a la parte superior donde se encuentran las habitaciones de los familiares directos de la familia, muchos de ellos cerrados y casi sellados.
Toda la mansión está embrujada y se defiende de cualquier ataque que considere que puede perjudicarla y que el vampiro no podría controlar, el efecto secundario de esto es que todos los cuadros y esculturas tienen vida propia aunque no se mueven de sus sitios por miedo al Original.
Hereria de Tariel


La herrería de Tara se encuentra dentro de su propia casa: una unifamiliar situada a las afueras del ciudad, casi en la linde del bosque.
Desde fuera se puede acceder a la herrería a través de la cochera, o lo que sería la puerta de la cochera, y dentro se puede acceder a través de unas escaleras interiores.
La pared y el suelo están recubiertos de piedra, lo cual ayuda a preservar bien el calor.
En esta estancias siempre hace bastante temperatura.
En la herrería se pueden encontrar dos hornos, uno a fácil vista desde la entrada, el cual contiene fuego normal, y uno más escondido, el cual contiene fuego celestial que Tara utiliza para crear las armas que van directas al cielo y modelar el adamas o metal celestial.
El otro fuego lo utiliza sólo en caso de emergencias, o cuando tiene que trabajar con un material que no es celestial, ya que este lo desintegraría.
A lo largo de las paredes hay numerosas estanterías y vitrinas llenas de herramientas y pequeñas piezas de ornamentación o joyería que ella misma ha creado.
En el fondo de la herrería, hay una cámara frigorífica bastante grande, donde deja reposar las armas para que se amolden a la forma que ella ha creado.
También tiene una pared, muy próxima a la entrada, llena de libros antiguos sobre armas, su creación y su uso.
Las máquinas que ella maneja son algo rudimentarias para el tiempo en el que está, pero funcionan con eficiencia.
The Paradise

Refugio para algunos y perdición para otros. Morada para todas las almas, sin importar su sexo, raza, edad o creencia religiosa. En otras palabras, un edén caído del cielo … Si es que, dar rienda suelta a tus deseos carnales y más prohibidos, contase con el beneplácito celestial.
El negocio regentado por Yecum se extiende a lo largo del mundo, en aquellas ciudades más cosmopolitas o incluso más reprimidas en los que la corrupción, es el caldo de cultivo perfecto para rentabilizar la concupiscencia colectiva. La sucursal ubicada en Arkath se denomina Paradise y se encuentra en el corazón de la ciudad; cuenta con la aprobación de las autoridades de la ciudad y el mismísimo alcalde, por lo que no es de extrañar verlo con regularidad los fines de semana, junto con la flor y nata de Arkath.
A ojos de los habitantes — tanto de los conservadores y liberales—, es un local de grandes dimensiones, con acabados en cristal templado negro y piedra, que sirve copas a todo el mundo. A partir del jueves por la noche, acoge todo tipo de eventos: bodas, cumpleaños, celebraciones, conciertos, reuniones de negocios y todo tipo de festividades más exclusivas o bajo demanda.
Dadas las dimensiones del recinto y las posibilidades que ampara, atrae la atención de las poblaciones más cercanas a Arkath e incluso, visitantes de generosa billetera que quieren alejarse de sus ciudades de origen y sumirse en la exclusividad que puede ofrecer el paraíso. Tal es la cantidad de gente que llenan las calles, que gran parte de la población acaba beneficiada: ya sea por trabajar directamente para Yecum—quién no escatima en prodigar generosos salarios—o por el consumo en el comercio local.
De cara a la galería, el Paradise se conforma de seis plantas y cada dos semanas, la decoración es transformada a requerimiento de la temática seleccionada, siendo en todo caso un deleite para todos los sentidos. A su vez, se divide en diversas zonas que, en base al estatus del individuo que intente traspasar las puertas, le puede ser concedido o denegado el acceso.
Las dos primeras plantas pueden acoger a un máximo de 250 personas y se suelen habilitar para banquetes y fiestas públicas o privadas; la tercera planta es la línea roja que delimita el acceso al personal humano y ajeno a lo sobrenatural o, que se encuentre, fuera del club privado del Paraíso. En esta tercera planta, se celebran eventos privados, como despedidas de soltero/a u otras situaciones en los que se pueda recurrir de la prostitución humana; esta estancia también es muy frecuentada por el alcalde y algunos personajes de influencia que asisten al día siguiente al servicio matinal del domingo, siempre acompañados de sus mujeres y sus niños. No sólo atiende a consumidores del sexo rápido, sino que el adiestrado personal de Yecum, humano en este caso, también ofrece sus servicios a las mujeres que quieran explorar más allá de las convenciones sociales y lo considerado como tabú. El pago de una cuantiosa cuota da el derecho de asignarse un reservado o habitación. Es ella quién tiene la autoridad para delimitar lo vulgar y lo erótico y, así librar de etiquetar a esta planta de un “bar de alterne” o “burdel”. Para eso, pueden dirigirse a las afueras y entrar en el bar de lucecitas que encuentren más cerca.
La cuarta planta atiende a miembros del crimen organizado o de negocios tan negros que, necesitan de un lugar lo suficientemente neutral para no matarse a tiros, navajazos u otros medios mortales. El acceso por las distintas plantas está protegido por guardaespaldas muy cualificados —y sobrenaturales— y puertas de alta seguridad; otras medidas para asegurar la privacidad y la prohibición de derramamiento de sangre, son los inhibidores de señales, detectores de metales y cacheos, entre otros. Además de dar acogida al cierre o apertura de negocios, se celebra el apretón de manos con drogas —a la carta—, alcohol y sexo, en sus mil y una formas, ya que es en esta ella en el que hacen acto de presencia los súcubos que estarán más que encantados de dar rienda suelta a las fantasías o necesidades de la clientela —femenina o masculina— más salvaje y cruel: el único límite, la muerte.
En la quinta planta, el frenesí y el libertinaje no conocen límites. Ningún humano puede acceder ahí sin el permiso expreso y la compañía de Yecum. Al igual que en la tercera y siguientes plantas, ningún sonido revelador traspasa sus muros gracias a la insonorización humana y mágica.
Bajo tierra, en la planta menos uno, se encuentran unas mazmorras —ya sea para ofrecer placer o dolor y cautiverio— y termas, con acceso limitado a un grupo muy selecto.
De puertas para dentro
El local, además de cimentarse en ladrillo, hormigón y todo el proceso mundano para edificar un proyecto tan ambicioso, supura magia por los cuatro costados: bajo la batuta de la demonio y la contratación de brujos del más alto nivel y otros seres sobrenaturales —cuya identidad y paradero son guardados con recelo—, dispone de los suficientes mecanismos defensivos y ofensivos para evitar accidentes fortuitos u asaltos intencionados.
Con esta ayuda, también Yecum se cerciora de que no haya ningún punto ciego dentro del local y que, en caso de emergencia, pueda salir o entrar sin ser vista. El personal del local se compone de humanos y una gama de personal sobrenatural a partir de la cuarta planta. Entremezclados con el personal humano, se encuentran aquellas criaturas discretas al ojo que ayudan a la demonio a sofocar cualquier contratiempo: brujos, vampiros, híbridos o sirenas capaces de aplacar los sentimientos y/o alterar las percepciones o los recuerdos.
El proceso de selección es lo suficientemente estricto y exhaustivo para descartar a espías o posibles rivales; de entrada, los trabajadores que se incorporan a la mayor parte de posiciones, comienzan en el estamento más bajo dentro del Paradise y en base a su antigüedad y expediente, van ascendiendo dentro de la jerarquía: desde limpiadores, camareros y bailarinas, hasta un médico o sanador, un vigilante de seguridad o incluso un mayordomo de armas… Yecum no escatima en gastos, ya que los beneficios que le reportan, son inmensos.
De esta manera, la demonio consigue consagrar dentro del corazón de la ciudad un lugar para el pecado y que sirva de retroalimentación continua para sus congéneres súcubos y ella misma: ya sea en forma de un simple encuentro rápido y chapucero en los lavabos de las primeras plantas, o de una mismísima bacanal —que haría palidecer a las de los primeros tiempos— en las plantas superiores. Toda energía lujuriosa e impía exudada por humanos y seres sobrenaturales, es absorbida por la gerente y sus más próximos allegados, quienes a la larga aumentan su cuota de poder y, por consiguiente, cumplen con el impuesto establecido por el propio Asmodeus: la entrega de jugosas almas que la ponen en venta, a cambio de favores que el dinero nunca podría llegar a saldar.
La información clasificada o sensible obtenida durante los roces finales, es vendida al mejor postor y gestionada por su red de espías.