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Nombre: Diego Cortés Salazar

Fc: Stefanos Milatos

Edad: 26 años

Historia: Diego Cortés Salazar creció en los barrios más crudos de Sevilla, en una casa donde el miedo era rutina y el silencio una forma de defensa. Su padre, alcohólico y adicto a la cocaína, descargaba su frustración en gritos, golpes y amenazas. Su madre, consumida por la dependencia emocional y económica, había dejado de luchar hacía tiempo. Diego fue aprendiendo desde niño que nadie vendría a salvarlo.

 

A los quince años, una noche cualquiera, una más de muchas, su padre volvió borracho y lo golpeó con una violencia más brutal de lo habitual. Pero esa vez, algo dentro de Diego cambió. No fue solo rabia o resistencia: fue un despertar. Su piel ardía, su sangre hervía, y su aliento adquirió un extraño tinte metálico. Cuando su padre lo tocó por última vez, este cayó al suelo convulsionando, como si hubiera sido envenenado. Diego huyó aterrorizado, sin comprender lo que acababa de suceder, solo sabiendo que si se quedaba… lo mataría.

 

Se subió a un autobús y se fue a vivir en las calles de Cádiz, sobreviviendo como podía. Las calles eran duras, peleas por los mejores lugares para dormir con el resto de gente de la calle y todos terminaban como su padre o peor. Pronto entendió que su cuerpo no solo podía defenderse, sino generar venenos reales. Su sudor, saliva, sangre e incluso sus lágrimas podían convertirse en toxinas con distintos efectos: alucinógenos, paralizantes, adictivos… Un poder aterrador y útil.

 

Cuando entró a trabajar en un club nocturno, un sitio donde nadie hacía demasiadas preguntas, Diego descubrió que podía aprovechar esa capacidad para algo más. Comenzó a crear pequeñas dosis de una sustancia que sintetizaba directamente desde su cuerpo, manipulando su bioquímica con práctica y control. Lo que comenzó como un modo de ganarse un plato de comida se convirtió en un fenómeno. Una droga única, adictiva y letalmente perfecta, que se volvió la favorita de los altos mandos de una mafia local y los clientes, por sus efectos. 

 

Ellos la vendían, ellos se enriquecían, y él… apenas sobrevivía. Era su secreto más valioso, nadie sabía de donde salía esa droga, pero también su maldición. A medida que los capos se hacían millonarios con su don, Diego seguía estancado, consumido por el estrés, los abusos, y el odio a sí mismo.

 

Un día, decidió que no vendería más. Había perdido demasiado: su dignidad, su alma, su salud mental. Pero su decisión no fue tomada a la ligera por la mafia. Era su gallina de los huevos de oro. Su fábrica viviente de adicción. Y cuando Diego se negó a seguir produciendo, firmó sin saberlo su sentencia de muerte.

 

Sabía que no podía confiar en nadie, excepto en Niccolò. Lo había conocido años antes, cuando Niccolò llegó a España huyendo de sus propios fantasmas. Habían trabajado juntos y forjado una amistad de las que se quedan tatuadas. A pesar de que Niccolò tuvo que marcharse de España, nunca perdieron el contacto.

 

Ahora, acorralado, Diego vio en él su única salida. Niccolò le ofreció refugio en Arkath, una isla donde quizás, por fin, podría empezar de nuevo. Donde su poder ya no fuera solo una herramienta para el beneficio de otros, sino tal vez, una forma de redención.


Personalidad: 

Diego es leal, emocional e impulsivo.  Siente mucho más de lo que demuestra, pero aprendió a no mostrar debilidad desde pequeño. 

 

Tiene un corazón enorme, pero lleno de cicatrices. No se fía fácilmente de nadie… excepto de Niccolò, que es su única constante emocional. 

 

Tiene ataques de ansiedad o de rabia contenida que lo llevan al límite. A veces prefiere desaparecer unos días antes que herir a alguien. Odia la injusticia, los abusos, la manipulación. No soporta ver a otros vivir lo que él vivió con su padre.

 

Diego tiene miedo de querer. El amor, la amistad, el afecto… todo eso le parece un lujo que no merece. Tiende a sabotear sus relaciones cuando siente que se está involucrando demasiado. Sin embargo, cuando quiere a alguien, lo da todo. Se parte en dos si hace falta.

 

El cuerpo de Diego reacciona a Niccolò de forma distinta al resto. Cuando Niccolò está cerca y mantiene contacto visual o físico, su poder comienza a estabilizarse. Niccolò lo ancla. Es como si su presencia bloquease o ralentizase el exceso químico que Diego genera cuando entra en su forma avanzada. Diego puede estar en plena toxicidad, pero si oye a Niccolò decir ciertas frases, algo dentro de él responde. A veces bastan palabras como: 

 

  • “No eres tu padre...

  • “Mírame. Soy yo. Estoy aquí.”

  • “Hazlo por mí, no por ellos.”

  • “No me obligues a verte morir.”

  • “¿Recuerdas aquella noche en la playa…?”

 

Y el veneno retrocede y su cuerpo vuelve a la normalidad.


Poderes: Producción interna y control de toxinas, venenos, sustancias químicas y Antídotos con efectos fisiológicos o psicoactivos.

 

Cuando su gen X se activó en la adolescencia, su cuerpo sufrió una transformación interna profunda, alterando la estructura de su sistema glandular y nervioso:

• Glándulas especializadas: posee glándulas mutadas repartidas por todo su cuerpo (similar a glándulas sudoríparas, salivares o lacrimales), que pueden producir diferentes compuestos tóxicos o químicos según su voluntad o estado emocional.

• Sistema bioquímico adaptativo: Su cuerpo puede analizar químicamente lo que necesita generar (veneno, alucinógeno, droga recreativa, anestésico, etc.) y sintetizarlo internamente a partir de compuestos básicos como agua, minerales, azúcares y proteínas de su dieta. Esto lo agota rápidamente si no se alimenta bien.

• Control consciente: Con práctica, ha aprendido a controlar la concentración, tipo y forma de excreción: sudor, saliva, lágrimas, sangre, incluso feromonas en el aire. También puede secretarlas en objetos, lo que usa para crear drogas o armas improvisadas (p. ej., impregnando un cigarro, bebida o cuchilla).

• Resistencia natural: Es inmune a todo tipo de toxinas propias y ajenas. Su sistema inmunológico es extremadamente agresivo y capaz de neutralizar casi cualquier veneno. Aparte de tener recuerdo y poder después recrearlo e incluso mejorarlo. 

 

El veneno nace de sus emociones. El cuerpo reacciona, pero el alma decide qué sustancia surge.

 

  • Rabia = Toxinas agresivas

 

Cuando siente ira o furia —como la que sentía con su padre— su cuerpo tiende a generar neurotoxinas, paralizantes, corrosivas o mortales. Su piel puede volverse peligrosa al contacto, y su aliento puede volverse nocivo. Esta forma se activa involuntariamente en situaciones de estrés extremo.

 

  • Miedo = Venenos defensivos o disuasorios

 

El miedo lo lleva a generar sustancias de escape: gas lacrimógeno natural, químicos alucinógenos o feromonas de pánico. Su cuerpo se defiende cuando su mente se siente acorralada, creando efectos que alteran la percepción de los demás.

 

  • Tristeza o culpa = Drogas psicoactivas o adictivas

 

Cuando se siente vacío, deprimido o desesperado, su cuerpo secreta sustancias altamente adictivas, que inducen euforia, olvido o calma. Estas son las drogas que vendía en la discoteca.

Paradójicamente, él mismo jamás se ha drogado con ellas. Las odia, porque representan su fracaso, su autoengaño, el precio de su alma vendida.

 

  • Calma y control = Sustancias precisas y útiles

 

En momentos de equilibrio emocional y autocontrol, puede generar exactamente lo que desea, venenos de contacto, somníferos, verdades químicas, afrodisíacos, etc. Esta es su versión más peligrosa y más poderosa: el Diego que acepta su poder sin miedo.

 

Es decir, con emociones fuerte su cuerpo crea sin control un tipo de veneno específico. Pero cuando está en calma, tiene el poder de crear cualquier tipo de veneno a su antojo.  

 

 

Pero como todo, tiene unas consecuencias como humano que es, sufre desgaste físico, cuanto más potente o abundante sea la sustancia que genere, más recursos consume. Puede quedar deshidratado, agotado, con fiebre o incluso convulsionar si se excede. Cuando se descontrola, en un sitio público, puede intoxicar el aire sin darse cuenta. 

 

 

Algunos ejemplos de los tipos de drogas, 

 

    • “Dosis Z” – droga de diseño basada en su adrenalina y una neurotoxina que produce una euforia peligrosa y adicción en una sola toma.

 

    • Sangre corrosiva – útil en combate, puede secretarla cuando sangra intencionadamente.

 

    • Sudor paralizante – letal si se absorbe por piel herida o mucosa.

 

    • Feromonas de sugestión – en pequeñas cantidades puede hacer a alguien más manipulable, una especie de droga social o de control.

 

    • Vapor alucinógeno – exhalado o a través del sudor en ambientes cerrados, induce visiones, paranoia o estados de trance.

~Ocupado~

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Nombre: Sienna / Jane Doe

Fc: Luca Hollestelle

Edad: 25

Historia: La historia de Sienna comenzó en un orfanato católico, donde le pusieron ese nombre al no tener más información, después de que les entregaran el bebé tras el accidente de sus padres. La criaron, la cuidaron, la quisieron… Hasta que un día, mientras la pequeña de ya cinco años, mientras jugaba con otros niños, estaba tan feliz que se sintió volar… porque le habían crecido alas de libélula a su espalda, que desaparecieron a los pocos minutos cuando dejaron de jugar al verla. Llamaron rápidamente a un cazador, con el que ya habían hablado en otras ocasiones “similares”. 

El cazador no solo se sorprendió, sino que vio el potencial de la criatura cuando le crecieron garras al verle, asustada, y decidió adoptarla. Así descubrió todas sus habilidades; cuando estaba alegre le crecían alas de hada; cuando se sentía amenazada tenía garras de hombres lobo, a punto de transformarse; cuando se enfadaba se sentía más intimidante con los colmillos de vampiro; si llegaba al extremo podía modificar sus cuerdas vocales para gritar como una banshee; y si lo necesitaba podía aguantar la respiración bajo el agua durante horas, con aletas en sus manos, y branquias en su cuello, casi como una sirena. Podía utilizarla de tantas formas…  Le hizo diversas pruebas para comprobar hasta dónde podía llegar. Primero, no podía imitar más de una raza al mismo tiempo. Tenía que elegir bien antes de realizar la transformación. Segundo, sus emociones afectaban demasiado a cómo cambiaba, debía perfeccionar ese detalle. Tercero; podía aguantar transformada hasta un día entero, sin embargo eso llevaba al cuarto aspecto, cuanto más tiempo pasaba transformada, mayores eran las consecuencias después. Debía descansar en cama si llegaba al extremo de un día con el cambio.

Por su parte Sienna aprendió algunas cosas también del cazador. No le gustaban los fallos, tampoco le gustaba su actitud alegre, y muchísimo menos le gustaba que le llevara la contraria. Aprendió rápido. También supo que pertenecía a una orden de cazadores, es decir que había más como él. Además había criaturas como ella, pero diferentes, más… “exactas” como le había descrito. Criaturas a las que debía ayudarle a capturar. No le preguntó el por qué, no le importaba. Él conseguía lo que quería, ella conseguía entrenamiento y un lugar donde comer y dormir. 

El entrenamiento no solo consistía en controlar mejor sus poderes, sin dejar que interfirieran sus emociones. Sino también en fingir ser de la raza que imitaba. Aprendió costumbres, gestos, forma de defenderse… Tenía mucha información, al parecer. En caso de que no pudiera utilizar sus poderes, también le enseñó el manejo de armas. Lo intentó con varias, pero su favorita fue la daga. Fácil de utilizar, fácil de esconder, no pedía más. 

Pasaron los años, uno aprendiendo del otro, y utilizándose mutuamente. Sienna ayudó al cazador a acabar con ciertas organizaciones de criaturas, y el cazador ayudó a Sienna a tener una figura paterna, o eso suponía ella que era, tampoco es que tuviera muchas referencias. De esta forma llegó a los 15 años, llevaba infiltrada en un grupo de hadas unos días, sin muchos problemas. Una noche salió a pasear, para desconectar, pero un muchacho la siguió, y se encaró con ella. Dijo saber quién era, y qué hacía. Sienna no respondió, simplemente sabiendo que nadie los escucharía en el lugar donde había ido, sacó su daga y en un movimiento rápido se lo clavó en la garganta. 

No pudo quedarse por obvias razones, y al volver junto al cazador este montó en cólera. El muchacho que la había seguido era uno de sus objetivos, uno importante de los que llevaba siguiendo unos años. Debía ser él quien le matara, quien se llevara el mérito. Si Sienna lo contaba, se acabaría su función, tenía que evitarlo a toda costa.  Cegado por la ira, se lanzó hacia la muchacha, cogiéndola del cuello con intención de callarla para siempre. No era algo que Sienna esperara, sin embargo el cazador la había entrenado bien, y supo actuar, acabando con la vida de su padre ficticio. Le sorprendió que no sintiera nada, pero no le preocupó. 

Estaba claro que no podía confiar en los cazadores, y mucho menos en las criaturas… Viviría sola, lejos de allí. Acabó en una isla llamada Arkath, sin mayor objetivo más que conseguir todo el dinero posible para vivir tranquila, sin que nadie la molestara. ¿Lo conseguiría?


Personalidad: No confía en nadie, por eso miente cuando le preguntan su nombre. Últimamente ha decidido llamarse Jane Doe. Cuando habla con alguien de quien no quiere nada actúa seca y fría, sin interés en la conversación. Pero puede fingir ser amable e incluso cariñosa si lo viera necesario. No tiene remordimientos a la hora de matar, aunque no le gusta porque tiene que deshacerse del cuerpo después. 


Poderes: Puede imitar físicamente cualquier raza (sin contar con ángeles o demonios), solo una al mismo tiempo, durante hasta 24 horas, pero tiene que descansar después de cada transformación por los dolores que siente en todo el cuerpo.

~Libre~

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Nombre: Cassia Vireth

Fc: Clarie Estabrook

Edad: 25

Historia: Cassia Vireth nació y creció en la sombra de la Hermandad de las Trece Sombras, una organización secreta tan antigua como los Illuminati, encargada de capturar, investigar y comercializar las habilidades de las criaturas sobrenaturales. Sus padres, el doctor y la doctora Ardan Vireth y Leah Vireth, eran unos de los científicos más renombrados y despiadados de la Hermandad, obsesionados con la idea de crear un híbrido perfecto entre humano y criatura sobrenatural. Para ello, experimentaron con su propia hija desde muy pequeña, sometiéndola a diferentes pruebas y experimentos. 

 

Aunque los demás científicos y ellos mismos creían que sus experimentos habían fracasado y que Sia no había desarrollado ninguna habilidad destacable, no fue así, a los 10 años, en un experimento donde le hicieron transfusiones de sangre vampírica, su genética cambio y ella ocultaba en sus venas una mutación que le otorgaba fuerza sobrehumana, visión nocturna, más velocidad que un humano y un oído sensible capaz de captar los más leves sonidos. Nadie se dio cuenta pues al principio era muy sutil, ni en analíticas, ni pruebas genéticas se podía ver, por lo que sus padres la dejaron por imposible. Pero a los 15 años, durante una prueba rutinaria de uso de armas, uno de los asistentes cometió un error, se cortó la mano al manipular una navaja mariposa. Solo fue un corte superficial. Pero en ese segundo, Sia la olió. No fue un deseo o necesidad, ni siquiera un instinto animal, sino que sintió una curiosidad, un antojo de ir corriendo, cogerle la mano y beberse la sangre que estaba saliendo, entonces su boca se secó, como si llevase tiempo sin beber agua a pleno sol caminando por el desierto. Esa noche, no pudo dormir, tenía fiebre, su garganta ardía. Sus padres pensaron que era una insolación por la prueba y la llevaron a la enfermería. Sus pupilas se dilataban con una rapidez antinatural. Por primera vez, pudo oír los latidos de la enfermera. Y entonces lo supo. Algo había despertado, en ese momento se negó a aceptarlo. Pero a los pocos días no podía dejar de pensar en tomar un poco de sangre, aunque la idea la atraía y la asqueaba a la vez, así que mezclándola en una bebida que camufló en su bebida bebió unos mililitros de sangre, esto la hizo aumentar su fuerza, su curación, su velocidad. Sabia que si de esto se enteraban sus padres o el resto de la hermandad la volverían un conejillo de indias así que se mantuvo con un perfil bajo creciendo como una humana común y corriente, pudiendo alimentarse de comida normal sin depender exclusivamente de la sangre. A pesar de su naturaleza vampírica latente, nunca permitió que sus instintos la dominasen, manteniendo un estricto control sobre sí misma, quizás porque realmente no se ha transformado del todo y ayudada por el miedo a volver a vivir como su infancia, entre pruebas y experimentos. Sia no sabe si al morir se convertiría en una inmortal o si simplemente dejaría de existir para siempre, también tene perder su humanidad y la posibilidad de controlar esa bestia interior.

 

Al cumplir los 18 años, lejos de formar parte activa en el campo, gracias al perfil bajo que había mantenido para que no se dieran cuenta de sus habilidades desarrolladas, Sia se dedicó al laboratorio. Allí, su trabajo consistía en analizar las muestras de sangre, fluidos y tejidos de las criaturas superno que eran capturadas y llevadas para su estudio. Su conocimiento científico era profundo y su precisión, impecable. Era la mejor en lo suyo, una experta que desentrañaba los secretos de los seres sobrenaturales sin levantar sospechas, esto se lo daba en parte sus sentidos más desarrollados, que con el paso del tiempo consiguió, solo con el olor reconocer a que ser sobrenatural pertenecía. 

 

Pero bajo esa apariencia fría y metódica, Sia llevaba una doble vida. Al entrar de lleno a la vida de la hermandad de cazadores, trabajando en sus laboratorios, pudo ver las atrocidades que hacían a los seres que capturaban, mucho más de lo que le hacían a ella misma sus propios padres y eso no le gustaba. Todo estalló cuando una niña bruja de apenas cinco años fue capturada y traída al laboratorio, la inocencia de la pequeña encendió en Sia un fuego que llevaba tiempo latente. En un acto de valentía y desafío, la salvó entregándola a su madre y asegurándose de que huyesen lejos de la Hermandad, todo ello en secreto. Nadie en la Hermandad ni siquiera sospecha de su traición, y menos sus propios padres, quien siguen creyendo que ella  los experimentos son fallido y es útil únicamente para sus tareas científicas.

 

Sia utiliza sus habilidades vampíricas ocultas para proteger a las criaturas que pasan por sus manos, manipulando informes, ralentizando procedimientos o liberándolas en momentos clave. Sabe que no puede salvar a todos, pero lucha por salvar a la mayoría, consciente de que cada pequeño acto de misericordia es una victoria contra la oscuridad que la rodea.

 

A pesar de su temor hacia el futuro y hacia sí misma, Sia mantiene la esperanza de que su humanidad prevalezca, y que algún día, la Hermandad pague por sus crímenes.


Personalidad: Ante la Hermandad y sus compañeros, Cassia es meticulosa, profesional y distante. Habla con frases cortas, nunca muestra emociones con ellos. Pero por dentro, siente intensamente y carga culpas que la consumen en silencio. Tiene una empatía feroz, aunque sólo la muestra cuando nadie la ve y para salvar a las criaturas del laboratorio. Tiene una mente brillante, que piensa rápido, mide consecuencias y actúa con precisión, puede guardar silencio en una conversación mientras analiza todos los escenarios posibles antes de hablar. Confía en la lógica, pero el corazón siempre termina traicionándola en los momentos clave. Vive con un fuerte sentido de justicia, aunque no lo exteriorice. Cree en el bien, pero no en la inocencia de nadie, ni siquiera en la suya. Ayuda sin esperar agradecimiento. Sabe que su redención nunca llegará, pero la persigue igual. Su mayor miedo no es morir, sino perderse a sí misma. Aunque odia a la Hermandad, sus padres la criaron y moldearon. Parte de ella aún está atada a ellos, al fin y al cabo son sus padres. 


Poderes: Fuerza sobrehumana, curación rápida, visión nocturna, más velocidad que un humano y un oído sensible capaz de captar los más leves sonidos. De normal, su fuerza, curación, etc, es un poco más que una humana normal, pero menos que un vampiro ya desarrollado. Si toma sangre, sus poderes se ven aumentados pudiendo tener la misma capacidad de un vampiro, pero esto le dura hasta que su cuerpo digiere la sangre.

~Ocupado~

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